sábado, 23 de mayo de 2015

Ladrones de sueños

De pequeña me costaba conciliar el sueño porque temía que ladrones como los que veía en las películas y en los dibujos animados tiraran nuestra puerta abajo con un tronco gigante. Sí, lo sé, cuando te paras a pensarlo te das cuenta de que el tronco no habría entrado por la puerta del portal y aún habría sido menos probable que alguien se molestase en subirlo por las escaleras hasta nuestro piso para entrar en nuestra casa con malas intenciones. Pero hoy que ya he llegado a esa conclusión y árboles sin ramas no me quitan el sueño, no estoy segura de si debería irme a la cama o continuar escribiendo este párrafo delirante que dudo que vaya o me lleve a alguna parte. Si aún estoy tecleando supongo que es por no dejar algo a medias, aunque en realidad nadie termina nada nunca. No me refiero a que no terminemos de hacer cosas particulares, eso sí, pero esas cosas son siempre para algo y ese algo es para otra cosa y yo estoy empezando a dudar si realmente deberíamos hacer ese algo o solo nos hacen creer que tenemos esa obligación. Ya no sé si lo que quiero, lo que me gusta o lo que me asusta es de verdad lo que yo creo o es todo una mentira. ¿Cómo se puede llegar a saber lo que eres o lo que crees de verdad? ¿Y si todo eso sobre lo que estás firmemente convencido no es más que otra ideología de masas? ¿Y si yo estoy escribiendo esto porque lo motiva alguna especie de moda contemporánea o un estereotipo al que me han hecho creer que pertenezco? Lo único que sé es que tengo que irme a la cama porque mañana a estas horas debería saberme el resto de mis apuntes de filosofía y ahora que lo pienso eso tampoco lo sé, solo me lo han hecho creer, porque  se supone que debo ser buena y responsable y puede que en realidad no tenga el deber de hacerlo, pero como vivo en este mundo y no en otro y aunque quizá esta no sea la verdad, mejor me voy a dormir, porque tengo la corazonada de que este párrafo lo ha inspirado una sobrecarga de mi cerebro motivada por una tarde entera delante de folios repletos de palabras que buscaban que les diese un sentido. Solo espero que la puerta de la entrada resista bien los golpes del tronco hasta que me levante mañana, no vaya a ser que alguien se lleve mis sueños y solo me quede la pesadilla diaria.