martes, 21 de febrero de 2017

Efecto Boomerang

     Causa. Atrapa tu mirada. ¿Falsa alarma? Apartas la vista. Parece que no. Vuelves a mirar. Ya no hay vuelta atrás. Dos segundos.  La electricidad funciona mal.  Hay algo oscuro que no deja de brillar. Cambia tu percepción espacial. Intentas mantener constante el tiempo. No lo consigues. Se desmorona. Lo destroza sin apenas mostrar compasión. No quieres verlo, pero lo sientes. Todo a tu alrededor se difumina. Aún no eres consciente. Tu pupila sigue fija en el mismo punto. Intentas huir. Lo intentas. Un único camino. Como si algo tirase de ti, temes ver casillas blancas y negras al mirar el suelo. Ese destello otra vez. No desaparece. ¿Está más cerca?  Sí. Te envuelve. Ondas luminosas a tu alrededor. Juegan a perseguirse entre los huecos de tu cuerpo. Divertidas, se deslizan por los recovecos. Demasiado cerca. Te deslumbra. Apenas puedes pensar. El temor desaparece y ya solo quieres dejarte arrastrar. Cierras los ojos. El aire es dulce, suave, casi aterciopelado. Aspiras despacio. No quieres soltarlo. Todavía no.  Parece todo tan volátil, transparente, sutil. Desaparecerá. Lo sabes y aun así lo ignoras. Aguantas un poco más. Sientes la necesidad de volver a mirar y al mismo tiempo te asusta. Pequeños destellos intentan atravesar tus pestañas. Te resistes, pero terminas cediendo. Consciente de haber abandonado la oscuridad sigues sin ver nada. La luz es excesiva, cegadora. Y es en ese momento cuando percibes de nuevo una fuerza. Desconoces el sentido, pero te afecta. Todo se vuelve negro. Silencio. ¿Es este el efecto?