Lo siento, pero no, no era
suficiente condena, no era suficiente un periodo de tiempo que no representaba
ni la cuarta parte de su vida. No eran suficientes 9 años por todos los que le
quedan a esa niña y menos aún lo será la libertad provisional. Una libertad
provisional, que terminará siendo nuestra prisión indefinida. Un premio por todas las
pesadillas que tendrá, por destrozarle la vida. No hay condena suficiente por
no respetar a una persona, por pensar que sus pollas valían más que cualquier
chica. Y, sobre todo, por todos los años que van a estar en la calle poniendo
en peligro la vida de otras mujeres, de otras niñas.
Porque no son personas, ni
siquiera animales. Porque a los animales los tratáis con menos respeto cuando
muerden a alguien. Son demonios, y no es la primera maldición que lanzan ni
será la última. Mientras les dejéis actuar, mientras os empeñéis en que son
personas, perderéis a aquellas que realmente lo son. Porque no, por mucho que
insistáis, el lugar de un demonio no está entre humanos, sino en el infierno
que él mismo ha creado. Que se retuerzan de asco bajo la baba de sus otros
hermanos infraseres, que intenten hablar y no puedan, que sientan que su
cuerpo, su libertad, no les pertenece. Que les duela cada roce de esas
repugnantes manos y no vean nunca llegar el final, porque no lo hay, no
debería. Su lugar está en esas pesadillas, en los horribles e interminables
recuerdos de la inocencia perdida.
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