martes, 1 de septiembre de 2020

El río

 Como un niño al que le divierte llamar a las puertas de desconocidos. Busca la adrenalina del peligro. Y la encuentra. En el anhelo de sus palabras, en el recuerdo de sus labios, de su sonrisa, de sus ojos, teñidos de un azul triste y melancólico.

Un paisaje que tantas veces le ha resultado, cuando no placentero, tranquilizador, es ahora una mera memoria más del deseo incompleto. 

Tiene la mirada fija en el cielo, como si así fuese a conseguir olvidar algo que acabara de recordar, una punzada silenciosa y profunda. Intenta recuperar algo de esa calma que siempre transmiten las nubes, pero sabe que esa noche no dormirá.

Y sin embargo, es esa falta lo que la tiene en un delirio constante. Esa sed, ese impulso por beber en el desierto. Un espejismo. 

Como un árbol intentando alcanzar el fondo del río. Una simple piedra es suficiente para darse cuenta de lo frágil que es esa posibilidad.

Y no ha lanzado una sola piedra. Ha hecho desaparecer sus aguas. Ha observado cómo se alejaba de su vista súbitamente, dejando a su paso altibajos descontrolados e incoherentes sobre el terreno. 

El árbol, incapaz de aceptar aquello que los diferencia, sigue buscando su versión nómada y fluida. Su reflejo...


No hay comentarios:

Publicar un comentario